COMIDAS Y CENAS

BY joan No comments

Además de aumentar tu cuota de kilos de más, las cenas y comidas extras de las fiestas navideñas, sirven para encontrarte o coincidir con aquellas personas queridas que por causa de la distancia , los quehaceres de nuestras vidas ajetreadas o por otras circunstancias, durante el transcurso del año no logramos encontrar el momento de poner nuestras agendas en el mismo cuadrante.

Lo mejor de estas cenas no es la comida, sino los diálogos que surgen de ella, conversaciones que se pueden dividir en cuatro momentos, los tres primeros que podríamos considerar triviales pero que son imprescindibles para poder llegar a un cuarto y trascendental momento. 



El primero es sin duda ponerse al corriente de la familia. Uno ya ha entrado en esa edad, que la mayoría de sus allegados y amistades coinciden en tener retoños de más o menos edad que los propios, por eso los primeros momentos de todo encuentro giran alrededor de ellos, que si su comportamiento, que si se pelean entre hermanos, que si no hacen caso ni a la de tres, que si no comen verdura, que si ya chutan fuerte, que si ya bailan como Shakira, que si quieren ser de mayores veterinarios...si están presentes en las cenas o comidas este momento se puede prolongar en el tiempo, hasta convertirlo en monotemático. 

El segundo momento es el del momento ego personal, hablar de cada uno, de sus vicisitudes laborales o profesionales, sus hobbies, sus pasiones, sus momentos de relax y desconexión, si la pareja está presente en la cena, también se acostumbra a hablar de manera irónica y divertida de sus particulares maneras de vivir la vida. 

El tercer momento, que aquí sí hay bebidas que “provoquen cierta alegría en el cuerpo y demás” puede prolongarse hasta límites interminables, es el de recordar tiempos pretéritos, tiempos en la que la edad no era obstáculo para hacer una o otra actividad, momentos para revivir amoríos olvidados, momentos de risas inacabables al recordar ciertos personajes que el tiempo ha decidido borrar de nuestras vidas, pero que en circunstancias como las de estas cenas o comidas vuelven a aflorar en los recuerdos de cada uno. Este momento de la velada, no tiene un principio o final, sino que más bien, va y viene y que una chispa puede encenderlo tras un comentario sin importancia. 

Y el cuarto momento, es de las disertaciones, el de las confesiones, el de las reflexiones personales en voz alta, aquel momento que una vez acabada la cena o la comida y vuelves solo en el coche, o con la familia, caes en la cuenta y eres consciente que ya no eres el chaval de veinte años que se quería comer el mundo sinó que en muchos momentos el mundo se ha encargado de ir comiendo poco a poco. 
Me encantan estos momentos, momentos en que la política, la religión, la economía, las relaciones laborales, la prensa, el futbol, toman protagonismo y cada uno da su visión y su opinión al respecto, en muchos casos coincidente y en otros no tanto, momentos donde la confianza o la desconfianza en proporciones iguales hace que las conversaciones tengan mayor o menor profundidad. Y es en estos momentos, y debido a la ya mencionado anteriormente, que casi todos los presentes tenemos hijos o hijas en edad escolar, que la educación de ellos se hace presente en la mesa. 
Ah, y aquí llega un momento mágico, un momento grande, un momento impagable: Todos nos convertimos, al igual que pasa en el mundo del fútbol, en auténticos entrenadores o profesionales de la educación. Todos tenemos nuestra verdad de cómo debería ser la escuela, cómo se debería educar a los chavales y chavalas de hoy en día, todos conocemos lo mal que salen los resultados PISA, todos buscamos culpables en la escuelas, en la las familias o en la sociedad. Hay veces que me gusta ser espectador, ser oyente de conferencia, dejar de dar mi modesta opinión de padre o de educador para escuchar. 
Y personalmente con franqueza, aprendo mucho, aprendo a ser humilde y reconocer que muchos padres y madres tienen voz, tienen opinión y merecen ser escuchados, aprendo que hay gente que no tiene hijos, pero que vive preocupada por el futuro que les espera a la juventud actual, gente que no ha estudiado en ninguna facultad de magisterio o pedagogía, pero que podría dar lecciones a más de uno que sí lo ha hecho. Personas que en su careta externa no muestran inquietudes pero cuando se la sacan si que expresan opiniones muy válidas. 
Salgo de estas cenas, con las pilas recargadas, aparte de la inyección de buen rollo que supone saber que pese a la distancia, la edad y las circunstancias de cada uno, las amistades de la juventud siguen presentes también me invade una sensación de optimismo al comprobar que la educación preocupa y que es un tema que está presente en la vida de muchas familias. 

¿Sabremos desde la escuela dar respuesta a estas inquietudes?

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