La eterna pregunta

BY joan No comments

¿Cúal es la finalidad de la escuela?
          Esta pregunta tan breve y concisa, resulta altamente complicada de contestar.
         No pretendo buscar en la filosofía la respuesta, tampoco bucear en los pensamientos de grandes pedagogos antiguos y modernos para buscar la mejor definición al respecto. Guiándonos por el simple diálogo coloquial con cualquier padre o madre de nuestro siglo, podríamos llegar a decir que la escuela tiene la finalidad de preparar a los niños y niñas para afrontar con garantías un mañana o un futuro. Que les sirva para inculcar unos valores y unas habilidades sociales con las que saber “defenderse” o “moverse” por este mundo tan competitivo que tenemos. Quizás un maestro de a pie nos contestaría que hay que conseguir que el alumno o alumna sea competente, que tenga recursos con los que poder resolver todos aquellos retos que se vaya encontrando por el camino. Quizás una entrevista en alguna escuela para atraer la atención de unos padres nos diría que la escuela cuenta con aquellas metodologías y aquellas herramientas a través de las cuales el niño o niña crecerá en todos los sentidos. Con docentes preparados para acompañar al hijo/a en el camino.
 
       Palabras muy bonitas, hermosas pretensiones con las que no dudo que muchos estaremos de acuerdo. La finalidad de la escuela no dudo que sea esta, no pongo en tela de juicio los necesarios y numerosos esfuerzos que miles de docentes en muchas escuelas hacen para que sus alumnos aprovechen el tiempo que pasan con ellos y entre las paredes de la escuela. Entiendo las jornadas invertidas en reflexión sobre la finalidad última que muchos directivos de escuelas modernas y innovadoras han llevado a cabo y las pretensiones de movimientos actuales por cambiar ciertas maneras de funcionar de la escuela tradicional. Abogo por esto, creo que es muy necesario y hacía aquí ha de ir el presente y futuro de la escuela.
Todo lo mencionado anteriormente podría llegar a responder la pregunta sobre la finalidad de la escuela, no lo dudo.
 
 
        Pero después de una vez más, asistir a las reuniones de evaluación del centro y escuchar los diferentes y cada vez más numerosos casos de alumnos y alumnas con situaciones socioeconómicas graves, con padres en paradero desconocido o sin tiempo para estar con ellos, con servicios sociales cada vez más colapsados, con falta de apoyo afectivo o incluso con agresividad en el entorno familiar etc etc, uno no puede dejar de pensar si toda la finalidad de la escuela dicha anteriormente no pasa a un segundo plano y toma el relevo aquella finalidad última de ser centro de acogida para que aunque sea por unas seis horas al día, estos alumnos se sientan queridos y se sientan aceptados.
 
Con esta doble finalidad ha de convivir el docente, esta doble dualidad, porque todo desgraciadamente no puede convertirse en pretensión preferente. Y esto provoca dudas en torno a la respuesta final de la pregunta., ¿En qué he de invertir más mi tiempo como docente?¿Cómo hacerlo? ¿cómo llegar a todo tipo de alumnado? ¿Cómo provocar la chispa de la motivación en aquellos que no tienen ni un poco de mecha para encender?
 
En fin, y aunque suene a tópico, y aunque os pueda parecer cursi,  me gustaría pedir que abandonemos por unos días: los proyectos interdisciplinares, el flippep classroom, el trabajo cooperativo, la robótica, … y  nos dejemos llevar por la poca o mucha magia que aún nos queda en los adultos para compartir con estos últimos alumnos, aquellos que en el fondo más lo necesitan, la fiesta de la Navidad.
 
Y así quizás, encontremos respuesta a la pregunta.

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