Oda a la maestra ánonima

BY joan No comments

     No le hables de google apps, tampoco de flipped classroom o aula invertida, ni de gamificación, ni de aquellas apps milagrosas que parece que todo arreglan, a duras penas se puede llegar a defender con el ordenador.
Dejarme que hoy, reivindique la figura del docente que nunca aparecerá en ninguna red social, hablando de educación, ni para compartir algún recurso o para ni siquiera criticar ni al ministro ni a su ley .
  • Aquel maestro/a que parece que el ritmo que marca las nuevas tecnologías y los avances no vayan con él.
  • Aquel docente que llega de los primeros y sale cuando la luz de la luna ya es la protagonista de las tardes.
  • Aquel docente que va diciendo por los pasillos que cualquier tiempo pasado fue mejor pero que mañana aún puede ser peor.
  • Aquella maestra o maestro que nunca le gusta ser protagonista y que parece que nunca está pero su voz se hace indispensable.
 
     Hoy me quiero quitar el sombrero porque mi querida maestra, que es de este tipo de docentes, me demuestra en el día a día que no hace falta estar en Twitter, no hace falta llenar las programaciones de metodologías diferentes para llegar a ser una de las docentes más innovadoras de la escuela.
 
Entre todos, y quizás yo el primero, estamos adulterando el término innovación, y nos estamos olvidando de la palabra vocación, y de esto, la protagonista de la entrada de hoy tiene para dar y repartir. Hay muchos maestros y maestras magníficos y envidiables que con su dedicación, su entusiasmo y su esfuerzo están logrando innovar y cambiar las metodologías tradicionales, pero también es cierto que corremos el peligro de llenar nuestras aulas de maestros contagiados que prueben con los alumnos metodologías sin antes haberse formado adecuadamente por el simple hecho que las ha visto en una página de recursos del Facebook. Maestros que ante el primer contratiempo se vienen abajo.
 
Mi querida maestra le falta tiempo para dedicarse a formarse en nuevas tecnologías, en nuevas maneras de hacer las clases, porque lo dedica a sus alumnos.
Uno llega a la conclusión que la verdadera manera de revolucionar la educación es dar la palabra a los alumnos, oirles, escucharles, cederles protagonismo y en eso hay docentes que se ganan el sueldo, se ganan ser nombrados innovadores del año.
Soy de los que románticamente aún cree que la verdadera revolución nace de abajo, quizás bajo esta perspectiva hemos creído erróneamente que los maestros somos los que hemos de revolucionar la educación, llevarla hacia nuevos derroteros, quizás sea cierto, pero no hemos caído en la cuenta que lo primero que deberíamos hacer es pensar que los alumnos tienen que ser escuchados, tenemos que oír sus demandas y a partir de allí empezar a hacer camino.
 
     Si todos los docentes, tuviéramos la mitad de dedicación, la dosis de voluntad, la gran experiencia y la paciencia de mi querida maestra, podríamos decir sin lugar a dudas que otra educación es posible.

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