No está en el currículum

BY joan No comments

Siempre he tenido muy claro que el “profesor” “educador” ha de ser alguien más que no aquel que se dedica a transmitir conocimientos de una materia o otra. Si defendemos una educación cada vez menos magistral, menos rígida y más volátil, una educación donde el papel del docente sea de acompañante o de guía, no podemos perder de vista que en toda relación de clase, existe lo que a mi personalmente me llama la atención: el denominado “currículum oculto” porque en él se puede englobar muchos aspectos que un simple libro no recoge, esa educación no formalizada, no reglada. Este currículum oculto se transmite a través de las relaciones sociales que se establecen en la escuela, del vocabulario utilizado por los profesores, por el tratamiento diferencial de los alumnos, también en el tipo de actividades o propuestas que presentamos a nuestros alumnos. Por esa denominada educación “emocional” que algunos docentes luchamos para que tenga cabida en el currículum establecido.

   Pues bien, cada principio de curso, el segundo o tercer día hago la misma actividad pero variando el planteamiento, se trata de hacer que los niños y niñas piensen, sientan, expresen algún tipo de sentimento.
La propuesta es muy sencilla: se trata que escriban aquel sueño, aquel objetivo que se quieren plantear para final de curso, aquello que les gustaría que pasase en su vida de setiembre hasta llegar a junio. La actividad la suelo realizar de cuarto a sexto de primaria, cambiando la motivación inicial ( desde un genio que recoge dentro de su lámpara todos esos sueños, pasando por un video de un niño que busca en la luna sus estrellas, o una caja mágica donde van a parar todos aquellos objetivos... Lo verdaderamente interesante aparte de provocar ese instante de reflexión o interiorización, es observar y analizar los tres grandes tipos de respuestas que invariablemente el curso que sea, se van repitiendo. 
  • El éxito en los estudios: Por encontrarnos en un espacio educativo formal como es la escuela o la clase, muchos identifican o establecen sus sueños o objetivos bajo un prisma de resultados académicos. Su objetivo es sacar buenas notas, aprobar todo, pasar de curso.
  • Familiares: Para otro tipo de alumnado, su sueño es que sus padres encuentren trabajo, que su tía se recupere de una enfermedad, poder viajar al país de sus padres para poder ver a esa abuela que sólo ven y oyen a través de contadas videoconferencias... 
  • Objetos: Finalmente hay otro tipo de niños o niñas que su gran objetivo o sueño es conseguir el último modelo de videoconsola, el último móvil que ha salido al mercado, que sus padres le compren tal o tal cosa. 

    Nunca hago en voz alta un análisis de los sueños individuales, en algunos cursos los guardamos en una caja “caja de los sueños” para después los puedan volver a leer. Pienso que hay que respetar y mucho, los sentimientos de cada persona y más si se trata de un niño o niña de estas edades, ya que no dejan de ser “sus sueños”, pero en la faceta de educador, o de equipo docente si que pienso que hay que hacer una reflexión de estos sentimientos y hacernos unas determinadas preguntas ante los tres tipos de respuestas:
  • ¿La motivación por sacar buenas notas está determinada porque la actividad se hace en la clase? ¿Sacar buenas notas, pasar de curso, aprobar todo. viene dado por una motivación intrínseca o más bien por algo social o mejor dicho por algo que continuamente los padres y madres van diciendo? ¿Sacar buenas notas es sinónimo de obtener alguna recompensa material o emocional? 
  •  ¿Los sueños de mejora de algún familiar, vienen acompañados por un sentimiento de angustia que puede afectar el rendimiento de un alumno? ¿Un problema familiar puede afectar las relaciones o el comportamiento en la escuela? ¿Hasta qué punto como educadores hemos de saberlo?
  •  ¿Son nuestros alumnos un resultado de la sociedad materialista? ¿Cómo podemos hacer desde la escuela para ofrecer otro tipo de sueños? ¿Los padres también tienen esos mismos sueños? 
Como veis, hay muchas preguntas que responder. muchas incógnitas que conviene analizar. Y como he leído recientemente: El mundo ha avanzado más gracias a saber formular buenas preguntas que haciendo grandes discursos.

Una altra escola

BY joan No comments

¡Que hablen bien o mal de mi, pero que hablen…!
 
Esta frase que ha sido puesta en boca de muchos famosos, de mucha gente, que su máximo objetivo en la vida es estar en boca de todos para conseguir una preciada fama, me sirve de introducción para reflexionar brevemente de lo ocurrido el domingo por la noche.
La televisión pública de Catalunya TV3, emitió en hora de máxima audiencia, el programa 30 minuts, programa de reportajes de actualidad que durante 30 minutos intenta transmitir una panorámica general del tema tratado. Bajo el título: “Una altra escola” (otra escuela) nos mostraron diferentes escuelas públicas y concertadas que han comenzado a cambiar su proyecto educativo tradicional por otro con metodologías innovadoras y diversas. Durante la emisión pudimos ver desde escuelas de infantil hasta bachillerato donde se ha apostado por intentar enterrar la tradición de clase magistral y libro, por una metodología basada en la experimentación, los proyectos y que tenga como punto de partida los intereses del alumno/a.
 
 
El objetivo de estas líneas de reflexión no es valorar el contenido en sí del reportaje, hoy no pretendo ensalzar las bondades de esta manera de enfocar la educación, ni tampoco criticar la anterior. Me gustaría hacer mención de dos aspectos que como "accidentes colaterales" puede provocar el programa.
En primer lugar constatar que las redes sociales son imprescindibles en la actualidad para poder saber, para poder captar lo que corrientes de opinión piensan. Me parece imprescindible que si hoy en día , alguien quiere valorar un programa, un debate, una noticia... de manera objetiva acuda a Twitter. Una vez allí pero, ha de saber separar la paja del grano, el peligro de Twitter es que todo el mundo se ve con capacidad para criticar positivamente o negativamente.
Ya no concibo la idea de estar viendo un programa interesante, de estar en una sala escuchando a un ponente sin estar comentando bajo un hastag determinado lo que está ocurriendo. Creo que es sumar más opinión, creo que es aportar más campo de visión a la opinión de uno mismo, que te hacen ver aspectos que tú no has visto o puntos de vista diferente que te pueden enriquecer.
Pues bien, no cabe decir, que el “hastag” del programa de 30 minuts, fue “trending topic”, y que las críticas, alabanzas eran twiteadas a máxima velocidad. Leer como docentes en sus escuelas también habían apostado por un nuevo paradigma, que docentes cuestionaban estas nuevas bondades argumentando peligros coherentes que podían tener, docentes que se apenaban que en sus claustros no hubiera gente motivada para cambiar. Docentes al borde de la jubilación que escribían que esta renovación pedagógica tenía sus bases en antiguas pedagogías de la república. Padres de familia que aportaban lo positivo que había sido para sus hijos pero los interrogantes que les suscitaban para un futuro.
Y todo esto suma, todo esto aporta, todo esto hace que la educación crezca y que la educación esté en boca de más gente, y tal como reza la frase del comienzo del escrito que se hable de educación me parece imprescindible.
 
Y otro efecto colateral y quizás el más interesante es el mundo real. Que está muy bien que las redes vayan llenas de opiniones, pero realmente lo básico es la escuela, la de cada día.
 Si el programa ha hecho que ciertas escuelas que parecían dormidas en el tiempo, instaladas en el día de la marmota hayan cuestionado el programa, lo hayan valorado, hayan opinado, que en la sala de profesores, en los pasillos, en la hora de vigilancia del patio, el tema de opinión no haya sido el fútbol, el tiempo, los malos que son los niños, lo que faltan para las vacaciones sino que por un día el tema haya sido que si otra escuela es posible, programas como los emitidos el pasado domingo pueden ser pequeñas chispas en algunas escuelas que hagan crear hogueras de cambio en los próximos años.
 
Enlace al programa:

PRIMER DÍA

BY joan 1 comment

      Me cuesta aceptar o entender según qué tipo de personas: sobretodo aquellas que se llenan la boca o llenan páginas de reflexiones o libros sobre lo que se habría de hacer, sobre cómo se tendría que actuar, o sobre cómo se tendría que educar y después a la práctica, cuando hay que demostrar con hechos que eso que han escrito se hace, pues no se les ve o no se les oye.

      Si eres de los que has ido siguiendo la trayectoria de este blog, te habrás dado cuenta de que hay una expresión que se repite en diferentes entradas; hay un conjunto de palabras que personalmente las he dado mucha importancia a la hora de hablar del rol del profesorado del siglo XXI: Esa expresión que he utilizado habitualmente es: Salir de la Zona de confort. 
     Esta expresión que queda muy bien decirla, la atribuyo principalmente a atreverse a dejar de hacer lo que se ha hecho durante años, a dejar la comodidad de lo que se domina para lanzarse hacia nuevos objetivos o retos, dejar atrás ese espacio de seguridad para dejar paso a la inseguridad, a la incerteza, al miedo e incluso abrir la puerta para que entre un posible fracaso. 
    Si se tiene tiempo, solo hace falta teclear en “Google” y un sinfín de páginas de autoayuda nos guiarán para conseguir hacerlo. 


     Pues bien, este nuevo curso ha llegado el momento de poner en práctica todo lo que uno ha escrito, ha poner encima de la mesa de las actuaciones todo lo leído o entendido. Este curso ha tocado de todas todas: salir de esta zona de confort educativa
      Mis últimos 15 años de docencia han estado marcados por el hecho de ser tutor: Primero en sexto de primaria y después quinto de primaria, cierto es que los alumno/as cambian, que las familias evolucionan su manera de relacionarse con la escuela, que cada año por naturaleza personal uno intenta renovar, experimentar nuevos objetivos etc etc, pero lo cierto es, que la palabra rutina llevaba instalada demasiado tiempo y el quehacer educativo y la monotonía de los cursos amenazaba con aposentar la desmotivación en mi tarea.
   Esta temporada, como ya escribí en la última entrada antes de las vacaciones, por diferentes circunstancias, “debuto” como jefe de estudios de mi centro. Después de dos semanas de podríamos decir pretemporada, ayer empezó la “competición” del día a día. 
Y dejadme que hoy, no os hable de mi nueva “zona", que no escriba sobre los retos que tengo en mente y mis miedos, si no que dedique unas breves líneas a lo que he dejado atrás. Por primera vez, en este corto plazo de tiempo que llevo en esta nueva ocupación, empecé a percibir que este salir de la zona de confort, lleva inmerso un dejar de hacer tareas que antes hacías, para ocuparte de hacer otras, pero también comporta dejar de sentir sentimientos que durante muchos años, sin quizás apreciarlos los ha ido sintiendo.
    Ayer, en especial, me sentí por un momento huérfano, me sentí sin casa, sin familia sin sentimiento de pertenencia a un lugar concreto. Me explico: En mi discurso (por decir de alguna manera) que año tras año hacía a mis alumnos de quinto (cabe decir que cada vez mucho más breve y mucho más visual) les intentaba transmitir que la clase era su casa, con la frase:  Bienvenidos a tu casa, la casa de todos (que proyectaba en la pizarra digital) intentaba transmitir la idea de que durante diez meses intentaríamos entre todos y yo el primero, hacer de esta clase un lugar donde ellos se sintieran a gusto, tanto en lo físico como en lo humano, procurar transmitir la idea de que como tutor podían contar conmigo para lo que quisieran… 
   Esto ayer no se produjo, cuando cerré la puerta del patio, despidiendo a las familias que nerviosas despedían a sus hijos/as, ya no dirigí mis pasos hacia la clase de quinto, por el pasillo camino al despacho no dejaba de oír las ilusionadas explicaciones de los maestros/as y sentí que mi rol en la escuela definitivamente ya no era el mismo. 
   Salir de la zona de confort implica muchas cosas, ayer puse en práctica una de ellas y una de la más gráficas: Salir de la clase, salir de tu mesa de profesor, y abarcar un espacio de responsabilidad mucho más amplio y también mucho más complejo:  La escuela 
 ¿Seremos capaces de responder a las expectativas?

Fotografías

BY joan No comments

Mi pasión por la bicicleta es de las primeras cosas que la gente que me empieza a conocer capta enseguida y los que llevan más tiempo compartiendo trocitos de vida conmigo ya lo tienen asumido . Sucede pues, que en muchas conversaciones banales o de trascendencia no dejo de poner comparaciones o ejemplos donde la bicicleta y sus circunstancias asumen el papel protagonista. Y es que no puede ser de otra manera, pues entiendo que cuando algo te apasiona, te motiva o te reta a superarte, este se convierte en el uno de los ejes centrales de tu vida.
 
El verano es un tiempo propicio para la bicicleta: El buen tiempo meteorológico y el aumento de tiempo libre hace que se incrementen las horas dedicadas a pedalear. No se si os sucede lo mismo pero cada vez que estoy ante algo que a mi parecer resulta bello, asombroso, tranquilizador, relajante… intento retener esa imagen en mi memoria. Cada verano me invade la misma sensación, sobretodo esto me ocurre especialmente en las últimas pedaladas del mes de agosto y este año no fue diferente:
 Haciendo la travesía del “camino de la retirada” (trayecto entre montañas fronterizas hecho por los exiliados republicanos que cruzaron nuestro país para ir a Francia en el transcurso de la guerra civil española), uno tiene que pararse un momento y contemplar el paisaje, algo que por desgracia los que hicieron este trayecto en el 1939 no podían hacer. Bajarse de la bicicleta y mirar la fuerza arrebatadora de las montañas, el verde de los prados, la vida relajada que transmiten las vacas que sin inmutarse  de la presencia de un extraño siguen su ritmo monótono de comer hierba, abrir bien los pulmones y expirar todo el aire puro y fresco para que llene todo tu interior, saborear los olores a hierba húmeda, cerrar bien los ojos y retener todas esas imágenes y sensaciones en la memoria y sobretodo guardarlas bien, bien, en la carpeta de los recuerdos porque….
 
 
Ha empezado un nuevo curso escolar, la vorágine en la que nos vemos envueltos en el día a día ya ha empezado a hacer mover la manivela. Las reuniones, las coordinaciones, los nuevos y viejos proyectos, los compañeros menos motivados, la administración y su papeleo, las programaciones interminables, las nuevas o viejas metodologías, los deberes sí o deberes no, las familias que preguntan cuestiones obvias…. y los alumnos que seguramente con muchas menos ganas que tú ya miran el día 12 del calendario como el agujero negro de su nueva vida….
 
Todo esto ahora no supone ningún problema, vengo con las pilas “a full” y mi motivación y ilusión puede con esto y con más, pero … las pilas se irán acabando, la batería de las ganas se irá diluyendo a medida que pasen los meses y los pequeños o grandes baches que en todo curso escolar hay, haran mella, y cuando todo esto suceda…
 
Es cuando, como cada año, acudo a la carpeta de la memoria y viajo hacia esa fotografía del verano, cierro los ojos y me dejo llevar por los recuerdos. Intento por todos los medios que ese paisaje contribuya a poder cambiar las pilas o a obtener esa energía que me permita superar esos momentos de desgana, apatía o dificultad.
 
Este año pero,  ante un nuevo reto a nivel laboral, solo espero dos cosas: Haber hecho las suficientes fotos este verano y sobretodo sobretodo no haberlas de recordar ya, la semana que viene…

Buscando conexión

BY joan No comments

Haciéndome mía la canción de Amaral: “no quedan días verano…” y si por verano se entiende no la estación propiamente dicha sino el periodo vacacional, llego a la conclusión que estando a falta de una semana para empezar septiembre y con él el nuevo curso escolar quizás estaría bien empezar el periodo denominado “buscando la conexión”
Y es que, tal y como escribí en la última entrada, he intentado en este último mes y medio aproximadamente intentar desconectar de todo lo referente a la escuela propia y a lo que envuelve todo el sistema educativo y la educación en general. ¿Lo he conseguido? Podríamos decir que la respuesta es muy matizable, no hay un sí rotundo y un no sin apelativos.
 
Veamos: La desconexión ha sido más fácil en lo relativo a la tarea escolar propiamente dicha, ha bastado con no llevarme ni ordenador, ni agenda ni libros y dejarlos bien ordenados en el cajón de los temas pendientes. En lo referente al entorno educativo también ha bastado con dejar de acudir a mi cita diaria con el señor Twitter y abandonar a los necesarios contactos en el mundo virtual para desconectar también. Pero, ¿todo ha sido desconectar?
 
Realmente cuando uno tiene dos hijos en edades escolares, donde las vacaciones son un periodo de convivencia total, la palabra educar no se puede olvidar, imposible desconectarse de ella, es cuando uno se da cuenta que los principales educadores de los niños y niñas han de ser sus progenitores, compartir con ellos conversaciones, juegos, discusiones, enfados, risas… son el pan de cada día y aunque el verbo educar no salga a la superficie sí que se esconde en un trasfondo que lo invade todo.
 
     Pero volviendo al primer párrafo del escrito, sí que estaría bien empezar ya el periodo de “buscando conexión” ¿A qué me refiero con ello? Entiendo este momento del año como aquel, en que debemos volver a recuperar los mecanismos que nos hacían estar conectados al día, aquellas pequeñas rutinas que convertían el día a día en pequeños micro mundos donde todo ocupa su espacio y su tiempo. Buscando conexión, porqué lo comparó con aquellas situaciones en que no disponemos de acceso a internet desde nuestro móvil y buscamos aquel lugar donde disponga de conexión wifi. El wifi gratuito es la salvación en muchos de estos casos: lugares públicos donde poder acudir cuando la conexión personal falla.
 
 
Pues en esas estamos, después de un periodo de desconexión educativamente hablando, toca buscar esa conexión tipo wifi que nos permita volver a conectarnos con todo lo referente a la labor que tenemos entre manos a lo largo del curso.
Porqué la tarea de maestros no permite y no deja lugar a espacios de desconexión durante el curso escolar, no nos podemos quedar sin “itinerancia de datos” nuestra tarea es de tal responsabilidad que hemos de disponer de una buena conexión que nos permita tener una cobertura total para llegar a todos los frentes abiertos que un educador tiene: Alumnos, familias, formaciones, reuniones con compañeros, búsquedas de nuevos recursos…
Pienso que haríamos bien, en intentar esta semana buscar esta conexión, no vaya a ser que a las primeras de cambio nos encontremos ya sin cobertura ¿Y como empezar esta conexión? aquí ya la respuesta la tiene cada uno, personalmente empezando a intentar escribir en este humilde y sencillo bloc….

Sentimientos de fin de curso

BY joan No comments

Ayer di por cerrada mi presencia física en la escuela este curso 2015-2016. Al cerrar la puerta y salir a la calle me invadieron diferentes sensaciones, unas de comunes a todos los años pero también de nuevas y diferentes. 


Y pienso que es importante, hoy que me he levantado aún a la misma hora de siempre, hoy que me he preparado el café envuelto en esa paz que sólo en las primeras horas de la mañana puede respirarse en una casa presidida por dos incansables enanos… a esta hora pienso que es importante evocar por escrito estas sensaciones que aún perduran en mi interior, y no dejar que el tiempo estival las olvide en el cajón de los temas perdidos. 

Sensaciones que siento todos los años cuando llega esta época: sensaciones en que se mezcla un sentimiento de alegría al ver por delante una gran cantidad de días donde el despertador deja de ser protagonista, donde las prisas desaparecen de la agitación matinal, donde el paso lento las horas coge protagonismo. Sentimiento de paz exterior y interior donde paisajes verdes de montaña, o arenas de playa serán los escenarios de fondo. Sentimiento de liberación al saber que romperé con la monotonía de los últimos diez meses, de ver las mismas calles, las mismas gentes, sentimiento de descanso físico y mental, sentimiento de satisfacción provocado en mayor parte por el hecho de haber cumplicado con lo que se le pide que no por los resultados obtenidos, sensación agridulce de comprobar año tras año que aún se podría haber hecho más, que aquello que uno se planteó en septiembre volvía a ser utópico de realizar una vez acabado, el curso...sensaciones idénticas que se repiten al cerrar la puerta desde hace veinte años…

 Pero este año, se presenta como artista estrella una sensación diferente, una más que se suma a las demás pero que pasa por delante de ellas sin apenas inmutarse. Una sensación que no viene sola sino acompañada de compañeras de viaje: La sensación de ilusión
Ilusión porque el próximo curso empiezo una función nueva dentro de la escuela, la de jefe de estudios (aunque la palabra jefe me repatea) me suena a institución militar o a una jerarquía que detesto. El caso es, que se ha confiado en mí para llevar a cabo esta tarea. Tiempo habrá el próximo curso para ir reflexionando sobre este nuevo reto, pero vaya por delante, que la ilusión con lo que lo afronto es muy superior a todas las demás sensaciones con las que viene acompañado el cargo. Una ilusión que era muy necesaria para llenar el depósito de gasolina de mi motivación como docente, un reto que viene a resumir mi estado vital estos últimos años. 
Y sí queridos lectores, lo afronto con ilusión y lo asumo como un reto importante dentro de mi poca variada vivencia profesional. Pero ese sentimiento de ilusión como decía también viene acompañado de dos sentimientos que envuelven esta aureola de ilusión. Sentimientos como el de miedo: ¿Seré capaz de cumplir con la confianza depositada en mi? ¿seré capaz de hacer lo que se supone que he de hacer? ¿Y si lo hago mal? Pero a su vez ese miedo también le acompaña e incluso va unos pasos por delante el sentimiento de esperanza: ese sentimiento que creo que es muy necesario en la educación actualmente, ese sentimiento de querer cambiar las cosas, y tener la esperanza de poder hacerlo, esa esperanza que también va cogida de la mano de la duda de como hacerlo, de qué pasos seguir, pero tener la firme sensación de que si se consigue hacer camino todo el claustro junto es posible.

 Como veis, sentimientos idénticos pero también diferentes, sentimientos que con el paso de los días estivales se acabarán diluyendo pero que volverán con fuerza el mes de septiembre.

 De momento dejaremos cerrado por vacaciones este sencillo espacio de reflexión y intentaremos que cobre vida el verbo más apropiado : Desconectar. ¿Seré capaz


Recaer

BY joan No comments

El otro día una amiga, y a la vez fantástica educadora, me comentó que por qué no intentaba casar dos de mis aficiones en una. Es decir, las reflexiones educativas y la pasión por la bicicleta. En honor a la verdad, he de decir que la idea originaria ya está creada. Cuando empezaron mis colaboraciones con el magazine educativo INED21 pensé en aportar algo diferencial a los escritos y los tres que he escrito (a punto de publicarse el cuarto) han girado sobre comparaciones entre el mundo ciclista y el mundo de las aulas. 

     Pero dicho lo paso, si que es cierta una cosa, cuando uno va en bicicleta, perdido por esas montañas o esas carreteras y sobretodo si se da la circunstancia que pedaleas en solitario da por pensar. No os voy a engañar diciendo que siempre pienso en algo referente a la educación (más que ser un buen profesional sería un obsesivo) pero no deja de ser real que muchas veces, y según las circunstancias vividas durante la semana o ese mismo día, los pensamientos que te vienen a la cabeza cuando vas en bici giran alrededor de la escuela y su significado: Niños y niñas que no consigues encontrar el clic que les haga motivarse, familias que no consigues atraerlas hacia la escuela, compañeros que vislumbras en ellos pequeñas dosis de desmotivación o pocas ganas de cambiar, dudas sobre tu labor como docente, miedos... 

      Hoy haciendo honor a la ocurrencia de mi compañera, voy a intentar reflexionar sobre lo ocurrido este sábado: Si usted querido lector es uno de los pocos habituales a seguir estos escritos, esto tampoco le vendrá de nuevo, sabrá que en una de mis últimas entradas hacía referencia a una lesión sufrida y las consecuencias derivadas, también intenté en ese artículo hablar de mi bicicleta y enlazarlo con la importancia de la resiliencia y la educación emocional de la escuela http://blocdejoanmoya.blogspot.com.es/2016/06/toca-levantarse.html

 Pues bien, este sábado después de haber hecho durante la semana dos salidas suaves para probar el estado de mi pierna, y comprobando con satisfacción que el dolor prácticamente había disminuido, me dispuse a hacer una ruta más exigente.


       El resultado, después de estar tres horas subiendo y bajando por los caminos que transcurren por mi querida Collserola, fue que al llegar a casa y en las horas posteriores pude certificar en forma de dolor que la lesión aún no había remitido y que quizás me había precipitado al querer elevar la carga de una manera tan rápida.
      No es la primera vez que tropiezo con la misma piedra (y mucho me temo que no será la última) por querer correr, por querer ganar tiempo al tiempo, por querer hacer o lograr un reto por el que el cuerpo no está preparado para ello, acabo retrocediendo y retrasando más el objetivo. En educación pasa lo mismo: Los que somos de mente inquieta, los que somos unos inconformistas de naturaleza, los que dedicamos tiempo libre a bucear por las redes, los que tenemos un poco claro (o mucho tal vez) que la escuela en general ha de menearse de arriba a abajo y de abajo arriba, no dudamos muchas veces en impulsar en nuestra tarea diaria iniciativas.

    Pero esas iniciativas muchas veces no nacen de una reflexión, no nacen de un sentarse y ver los pros y los contras, no nacen de una formación adecuada al respeto… y eso provoca que algunas de esas iniciativas geniales que en otras escuelas, en otras clases se llevan a cabo con éxito acaben por explotar en las manos, o acaben en fracasos o acaben a medio hacer por falta de planificación o se diluyan en el tiempo como un terrón de azúcar… Por eso pienso que la clave está en prepararnos bien antes de tomar estas inciativas, y que no pase como a este aprendiz de ciclista que por querer llegar antes de tiempo tiene que volver a empezar de nuevo. Y si un ciclista ante una lesión, sino quiere volver a recaer tiene que plantearse el retorno de manera gradual, de una manera progresiva. Pienso que en educación tenemos que hacer lo mismo si queremos conseguir nuevos horizontes. Adjunto estas tres premisas que a mi entender son fundamentales:

Marcarnos objetivos asumibles: Está muy de moda innovar, querer estar a la última en nuevas pedagogías, creer que tener la tecnología más moderna puede ser un gran reclamo externo… Pero, ¿Estamos preparados para ello? ¿Tenemos claro a dónde queremos llegar? ¿El beneficiario final es nuestro alumno/a? ¿Mejorará su aprendizaje?

Prepararnos bien antes de empezar: Me he cansado y me he hecho aburrido al escribir sobre la necesidad de formación del profesorado, al igual que un ciclista ha de conocer y formarse sobre la bicicleta, sobre el terrenos donde va a pedalear, un maestro también ha de formarse antes de iniciar un recorrido por algo nuevo. Leer, hacer cursos, visitar otras escuelas, conversar con profesores de otros centros que ya han implantado esa iniciativa, etc.

Tener el consenso del resto o de la mayoría del profesorado: Pedalear en solitario no es malo, pero hacerlo con más gente tiene muchos más beneficios, menos riesgos, más ayudas. Tomar iniciativas educativas en solitario es muy peligroso, hay muchos números que esta fracase. No me gusta la cita esa en que dice que cada maestrillo tiene su librillo. La clave reside en que todo el claustro esté convencido, haya hecho una seria reflexión y quiera iniciar nuevos caminos.

Con estas tres premisas pienso que cualquier centro tiene muchas garantías de llevar a cabo pequeñas o grandes medidas de cambio, acorde con sus recursos, sus coyunturas o sus expectativas.

 Por cierto, hoy ya no me duele tanto la pierna, quizás esta tarde haga algunos kilómetros...